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¿Quiénes somos?

Nuestros orígenes: de San Benito hasta hoy

Somos una comunidad de la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia (conocida también como Orden Trapense) y pertenecemos a aquel movimiento monástico que en el siglo VI, y siguiendo la Regla de San Benito, evangelizó y promovió el desarrollo de toda Europa.

La Orden Cisterciense nace en el año 1098, en Císter (Francia), donde 21 monjes procedentes  de la abadía benedictina de Molesmes quisieron construir un Nuevo Monasterio empeñados en vivir con más autenticidad y pureza la Regla de san Benito. San Roberto, San Alberico y San Esteban fueron los Fundadores y primeros Abades.

San Roberto, iniciador y alma de esta nueva fundación, por mandato del Papa, tuvo que renunciar al ideal que había perseguido toda su vida y por el que había luchado y sufrido y volver como Abad a Molesmes. Le sucedió San Alberico, quien, siguiendo los pasos de San Roberto, consolidó la obra comenzada en Císter, tanto material como espiritualmente. Bajo su dirección  se formaron los nuevos Estatutos, se comenzó la traducción de la Biblia, directamente del hebreo, y se construyó y dedicó la Iglesia del monasterio. A su muerte, después de un fecundo abadiato de 9 años, le sucedió San Esteban quien llevó a plenitud toda la obra en Cister poniendo las bases para la formación de la Orden Cisterciense, sobre todo con el importante documento que él compuso llamado “Carta de Caridad”. Por la labor de estos  Santos Abades, el Monasterio de Císter se convirtió en un gran foco de espiritualidad monástica, marcada por la sencillez, que atrajo numerosas vocaciones.

 Una de esas primeras vocaciones fue San Bernardo,que entró en Císter hacia el año 1113 con 30 compañeros. A los tres años fue nombrado Abad de Claraval (una de las 4 primeras filiales de Císter) y dio un gran impulso al crecimiento y desarrollo de la Nueva Orden y a su espiritualidad con la fundación de numerosos monasterios en todo el Continente europeo.

   El carisma cisterciense ha llegado hasta nosotros a través de la reforma del siglo XVII iniciada por el Abad de Rancé en la Abadía cisterciense de La Trapa (Francia).

   Joven y brillante sacerdote de la Corte, inmerso en la mundanidad, se convirtió y quiso retirarse a una de las abadías que tenía en encomienda (La Trapa), comenzando rápidamente a restaurar la vida monástica cisterciense, haciéndose él mismo monje y convirtiéndose en Abad Regular. En tiempos de decadencia defendió con ardor algunos aspectos del Patrimonio Cisterciense, sobre todo su identidad contemplativa, ascética y cenobítica, volviendo a subrayar de nuevo el valor del trabajo manual y una alimentación muy frugal.

   De la tempestad de la Revolución Francesa (1789) –que causó la supresión de todas las órdenes religiosas existentes entonces en Francia- escapó sólo un grupo de monjes de La Trapa refugiándose en Suiza, en La Valsanta –antigua Cartuja abandonada-, bajo la guía del Maestro de Novicios, Dom Agustín de Lestrange. A este primer núcleo de una veintena de personas se añadieron bien pronto otros monjes que se arriesgaron a abandonar Francia clandestinamente y otros jóvenes que se sentían llamados a la vida monástica. Un grupo de monjas cistercienses y de otras órdenes, expulsadas de sus monasterios, pidieron a Dom Agustín que fundara para ellas un monasterio femenino para poder continuar la vida religiosa bajo su dirección. Fue fundado el monasterio de la Santa Voluntad de Dios cerca del monasterio de monjes.

    Las peripecias de estos hombres y mujeres, fuertes en la fe y en su vocación no terminaron aquí. Con la invasión de las tropas napoleónicas por toda Europa, se vieron obligados a huir hasta Rusia, funcionando siempre como una única comunidad compuesta por más de 200 miembros. Fue una verdadera odisea, que duró un par de años, ya que tuvieron que volverse de Rusia y no pudieron volver a Francia hasta la caída de Napoleón (1814). Poco a poco lo hicieron, pero ,en muchos casos, no pudieron establecerse en los antiguos monasterios que permanecían confiscados.

   A finales del siglo XIX, había varios grupos de cistercienses formando al menos cuatro Congregaciones independientes entre sí con sus propios vicarios generales. El Papa León XIII quiso aunar fuerzas y convocó a estas Congregaciones Cistercienses-trapenses a un Capítulo General especial en Roma en octubre del año 1892. En este Capítulo se unieron las Congregaciones dando lugar a la Orden Cisterciense de la Estrecha Observancia -OCSO- y se eligió el primer Abad General de la nueva Orden en la persona de Dom Sebastián Wyart, esta Orden formada de monjes y monjas se extendió por todos los continentes y es a la que nuestra Comunidad pertenece.

Por la fiel observancia de la Regla de San Benito,

en su pureza y en su rigor, los fundadores de Cister,

Roberto, Alberico y Esteban, dieron origen a una nueva

forma de existencia monástica. Su vida religiosa estuvo

orientada totalmente hacia la experiencia del Dios vivo,

experiencia que hicieron siguiendo a Cristo, junto con  

sus hermanos,  en la simplicidad y pobreza evangélicas.

En la soledad procuraron vivir para Dios edificando una comunidad fraterna.

Despojándose de todo, con una vida austera y laboriosa,

se esforzaron en promover el crecimiento del hombre nuevo.

                                              (Carta de San Juan Pablo II a los Cistercienses)

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