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Tres parroquias, un camino compartido

64 feligreses de las parroquias de San José de Roldán, Nuestra Señora de la Consolación de El Jimenado y Nuestra Señora de las Maravillas de Los Martínez del Puerto participaron en una jornada de convivencia y reflexión en el Monasterio de la Virgen de la Paz.

El sábado 26 de septiembre, miembros de las tres comunidades parroquiales compartieron una jornada de convivencia y retiro en el Monasterio de la Virgen de la Paz, en La Palma. Un lugar que, desde el primer momento, ayudó a crear el ambiente adecuado: tranquilidad, silencio, encuentro y tiempo para escucharse unos a otros.

La jornada fue posible también gracias a la colaboración de personas de las tres parroquias que se ocuparon de los distintos aspectos logísticos y de la comida. Una atención especial merecieron los más pequeños: un matrimonio joven se encargó de acompañar a los niños durante las sesiones, permitiendo así que sus padres pudieran participar con tranquilidad en las actividades.

En total fueron 64 participantes, de edades muy diversas: jóvenes, adultos y mayores. Esta diversidad se convirtió precisamente en una de las riquezas de la jornada y permitió escuchar distintas experiencias y maneras de vivir la pertenencia a la comunidad cristiana.

Después de la acogida llegó el momento de conocerse. Durante la ronda de presentación, tres jóvenes hermanas del monasterio se acercaron al grupo para compartir algo de su vida y de su espiritualidad. Con sencillez explicaron cómo transcurre su jornada, marcada especialmente por tres dimensiones: la escucha, el trabajo y la oración. Su testimonio ayudó a situar también la convivencia en un clima de serenidad y profundidad.

A continuación, se les ofreció una reflexión sobre la comunidad cristiana en tiempos de cambio, partiendo de la visión sinodal de la Iglesia y de la realidad concreta que viven hoy nuestras parroquias. Frente a una Iglesia entendida únicamente como un lugar al que se acude para recibir determinados servicios religiosos, se invitó a redescubrir la

parroquia como una comunidad viva, en la que todos somos llamados a participar y a asumir nuestra parte de responsabilidad.

Palabras comoapertura, continuidad, servicio, colaboración y correspon- sabilidad fueron apareciendo a lo largo de la reflexión. No se trata simplemente de mantener lo que siempre se ha hecho, sino de preguntarnos juntos qué comunidades queremos construir y cómo podemos hacerlas cada vez más acogedoras, participativas y misioneras.

Después llegó el momento de trabajar alrededor de las mesas. Las conversaciones permitieron compartir experiencias, inquietudes, sueños y propuestas. Cuando posteriormente se pusieron en común los aportes de los diferentes grupos, surgió espontáneamente un diálogo vivo entre los participantes. Preguntas, comentarios y nuevas aportaciones fueron enriqueciendo la conversación y mantuvieron una participación muy activa.

Quizá esa fue una de las imágenes más significativas de la jornada: personas de tres parroquias distintas sentadas juntas, escuchándose y pensando juntas el futuro que poco a poco quieren aprender a caminar como comunidades en las que cada persona puede aportar sus dones.

También hubo tiempo para compartir la comida, conversar sin prisas y estrechar relaciones entre personas que, aun viviendo relativamente cerca, no siempre tienen ocasión de encontrarse.

Al finalizar la convivencia quedaba sobre todo un sentimiento de gratitud. Gratitud por el encuentro, por quienes lo hicieron posible, por la acogida de las hermanas del monasterio y por la participación generosa de tantas personas.

Los 64 participantes regresaron a sus casas con el deseo de comenzar con ilusión este nuevo año pastoral. Que esta convivencia ayude a todos los participantes a dar un primer paso:escucharnos, encontrarnos y descubrir que el futuro de nuestras parroquias se construye caminando juntos.

¡Y ese camino apenas comienza!